domingo, 27 de mayo de 2012

Otro día más en el que este teclado exprime mi corazón e intenta sanar heridas a base de reabrirlas.



00:50 horas es lo que marca el reloj del portátil y yo me pregunto por qué no estaré durmiendo en vez de sorbiendo por la nariz y reprimiendo las lágrimas.
Quiero escapar y sigo esperando que Peter entre por la ventana de un momento a otro, pero sé que no va a pasar. He crecido sin saber que lo estba haciendo.
Un poco de polvo de hadas... Volar a cualquier sitio, pero lejos de aquí. Lejos de toda persona o lugar conocidos y poder tranquilizarme al fin.
Juro que lo intento, pero el pobre iluso se empeña en soñar lo imposible con cada sístole y espera conseguirlo en cada diástole. La vida no es tan fácil.
Prométeme que no es perfecto abrir los ojos y tenerte al lado y entonces mis pies podrán aguantar quietos un segundo antes de correr hacia ti. No hay un sólo impedimento válido para no acortar distancias.
Prométeme que el mundo no cambia totalmente cuando puedo rozar tu piel y entonces no tendré claustrofobia de un Madrid hecho de cenizas y lluvias lacrimosas. No puedo echar raíces en el frío suelo de cemento.
Ojalá pudiera gritarle al mundo que soy libre y que el suelo que piso es mío. Que voy a recorrer el mundo y no va a haber más días malos.
Felicidad es lo que quiero y sólo necesito un sitio al que llamar hogar y que permanezcas a mi lado. Tú sabes que ambas cosas están estrechamente relacionadas.

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