Nose si enamorarme o hacerme un café, total de las dos formas voy a sentir algo en el estómago.
Otra vez. De nuevo. Y el dolor se aplaca poco a poco. Un pensamiento ligero que se aleja como una gaviota volando a ras de las olas maldivas. Siente una amarga certeza: creces, experimentas, aprendes, crees saber como funcionan las cosas, estas convencido de haber encontrado la clave que te permitirá entender y enfrentarte a todo. Pero después cuando menos te lo esperas, cuando el equilibrio parece perfecto, cuando crees haber dado todas las respuestas o, al menos, la mayor parte de ellas, surge una nueva adivinanza. Y no sabes que responder, te pilla por sorpresa. Lo único que consigues entender es que el amor no te pertenece, que es ese mágico momento en que dos personas deciden a la vez vivir, saborear a fondo las cosas, soñando, cantando en el alma, sintiéndose ligeras y únicas. Sin posibilidad de razonar demasiado. Hasta que ambas los deseen. Hasta que una de las dos se marche. Y no hablara manera, hechos o palabras que puedan hacer entrar en razón al otro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario